El muro que limita a la comunidad sorda en El Salvador

¿Cuáles son los retos que enfrentan las personas sordas en el país? Exclusión social, falta de oportunidades laborales y acceso a educación, son algunas de las barreras que limitan a sordos para poder desarrollarse dentro de la sociedad. El Salvador aún no logra garantizar que las personas con discapacidad auditiva puedan incluirse en las dinámicas de la ciudad de la misma manera en que lo hacen los oyentes.

Por Graciela Barrera y Michell Hernández

En El Salvador hay 88,398 personas con discapacidad auditiva, según estadísticas de 2015 del Consejo Nacional de Atención Integral a la Persona con Discapacidad (CONAIPD), para atenderlas a todas ellas solo existen cinco escuelas para sordos, según el Ministerio de Educación (MINED). Esto marca una brecha entre personas oyentes y sordas. Rebeca Soundy, una mujer de piel blanca y cabello rubio, es reflejo del doble esfuerzo que deben realizar las personas sordas para poder salir adelante en el país. Soundy es licenciada en Educación Especial de la Universidad Evangélica de El Salvador. Su condición y todas las barreras que ha tenido que enfrentar a lo largo de sus 27 años la han motivado a proponer soluciones para cruzar el gran muro de exclusión que enfrentan las personas con discapacidades en el país.

Becky Soundy TV es el nombre del canal de Youtube de Rebeca Soundy. Es por medio de esta red social que comparte como ella lo denomina “mi mundo en señas”. Soundy enseña a sus 20,400 suscriptores consejos para aprender lengua de señas, además, comparte experiencias personales, como cuando le enseñó Lengua de Señas Salvadoreña (LESSA), al presidente actual, Nayib Bukele. Todos los esfuerzos de Soundy han logrado un gran reconocimiento en el país. Sin embargo, todo lo que ha logrado ha requerido sacrificios y retos tanto para ella como para su familia.

Ser sordo en El Salvador

En los últimos años la palabra inclusión ha formado parte de los discursos de organizaciones, funcionarios, activistas y líderes en el país. No obstante, entre los grupos de personas más excluidas se encuentran los sordos, a quienes su tipo de discapacidad los vuelve más invisibles. Rebeca Soundy comenzó a asistir a una escuela solo de sordos a sus once años. Ahí le enseñaron lengua de señas, con el paso del tiempo los retos aumentaron. Tuvo que recibir clases junto a personas oyentes y sordas. Para Soundy esta fue una etapa muy complicada porque la escuela para personas sordas solo enseñaba lo básico: las señas. Rebeca aún a sus 11 años no podía leer ni escribir. Esto es solo una representación de las desigualdades que se marcan desde la infancia entre sordos y oyentes.

Becky, como la llaman sus conocidos y seguidores en las redes sociales, recuerda lo difícil que era para ella junto a sus demás compañeros sordos comprender los contenidos que impartían en la escuela. “Era muy difícil aprender en la escuela, no se entendían las clases, y uno de los grandes problemas es que no teníamos intérprete, para eso hay que pagar”, dijo. Soundy es una de las personas privilegiadas a quien sus padres sí podían pagarle un intérprete que la acompañara y le facilitara su aprendizaje. “Mi papá y mi mamá trataban la manera de pagar pero salía muy caro más o menos unos 300 dólares mensuales”, explicó.

El informe Alternativo El Salvador 2014-2018, elaborado por la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos (PDDH) junto a organizaciones de y para personas con discapacidad, menciona que en el país solo existen 14 intérpretes de LESSA reconocidos por las organizaciones de personas sordas. Esto implica que la exclusión para las personas con limitación auditiva en el país se perpetúe. Además, el mismo informe agrega que esto demuestra la ausencia de estrategias para el desarrollo lingüístico de la LESSA, la formación y acreditación de intérpretes a nivel nacional, esta como una de las grandes barreras que retrasan la inclusión para las personas sordas en el país.

Por otro lado, el informe de Rendición de Cuentas del CONAIPD de 2017 establece  como uno de sus principales retos “la creación de un Servicio Nacional de Intérpretes de LESSA, el MINED y el CONAIPD, sea la entidad estatal responsable para la formación, selección y acreditación de intérpretes…”, afirma el informe.

Sara Molina es prima de Rafael Mejía, quien es una persona sorda. Ella junto a sus 12 familiares aprendieron a comunicarse con Mejia por lengua de señas. Su primo solamente pudo cursar hasta séptimo grado, ahora él tiene 36 años y hasta hoy no ha logrado ser independiente, necesita que lo acompañen siempre porque es muy difícil salir y encontrar a personas que puedan comunicarse por medio de LESSA. Molina mencionó que una de las grandes limitantes es que la mayoría de personas en el país ni siquiera se interesan por aprender lengua de señas. “Ojalá se le prestara el mismo interés como al inglés, ahora todos quieren aprender inglés, pero lastimosamente nadie se preocupa por incluir a las personas sordas, no es importante aprender LESSA”, argumentó.

Un sistema educativo excluyente

No se pueden cumplir los derechos humanos si se ignoran las necesidades básicas de un grupo de personas. En El Salvador las personas sordas enfrentan una gran cantidad de problemas para desarrollarse en cualquier ámbito en el que se desarrolla un oyente, uno de los más importantes es el educativo.

Existen grandes barreras de comunicación entre sordos y oyentes, y es que la única forma efectiva de comunicarse que tienen las personas con discapacidad auditiva es a través de la Lengua de Señas Salvadoreña (LESSA). El 95 % de los sordos en el país usan esta lengua, según la Asociación Salvadoreña de Sordos, 2015. 

Sin embargo, pese a que existen pocas escuelas para todos los sordos que habitan en El Salvador, el sistema educativo no brinda intérpretes en educación básica a las escuelas de oyentes, y en educación superior, únicamente en la Universidad de El Salvador. 

Las oportunidades que tienen las personas oyentes, no son las mismas que tienen las personas sordas. El sistema educativo necesita ser inclusivo, y estar preparado para recibir a las personas con discapacidad, pese a que es su responsabilidad atender las necesidades de este grupo.

El artículo 44 de la Ley Especial de Protección al Patrimonio Cultural, reformada en 2014, establece que “Se reconoce la lengua de señas salvadoreña – LESSA como la lengua natural y oficial utilizada por las personas sordas salvadoreñas, en consecuencia; es obligación del Estado velar por su enseñanza y conservación”.

De acuerdo a la investigación Un  Diagnóstico Comparativo de los Discursos Identitarios de la Comunidad Sorda Salvadoreña de estudiantes de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA), la falta de interés sobre la LESSA como vehículo para el ejercicio y el goce pleno de derechos de los sordos es un factor determinante para que la comunidad sorda no crea en la estructura institucional del país en términos generales. 

Es por ello, que algunos jóvenes como Soundy realizan esfuerzos independientes para poder impulsar y apoyar los derechos de la comunidad sorda, haciendo conciencia a la población sobre esta problemática y a la espera que pronto puedan surgir esfuerzos significativos para que los jóvenes sordos de El Salvador, a pesar de la limitaciones, continúen estudiando y desarrollándose.

Limitantes de los maestros que enseñan a las personas sordas

Impartir clases a personas sordas también supone grandes retos para los profesores. Lidia Ocampo es maestra del Complejo Educativo para Sordos Licenciada Griselda Zeledón, y desde 2019 da clases de español a niños y jóvenes con discapacidad auditiva, desde primero hasta noveno grado. Ella observa en sus alumnos, que oscilan entre los seis y 16 años, que ingresan a la escuela con un nivel pobre de su primera lengua, la lengua de señas, porque la mayoría de miembros de la familia no la domina. Lidia mencionó que percibe que sus estudiantes viven como extranjeros en sus propias casas. Además, para ella el tiempo en las aulas es insuficiente para que los alumnos puedan aprender bien, semanalmente solo se imparten tres horas clase.

Sin embargo, la mayor limitación no es el tiempo, en palabras de Ocampo “la mayor limitación es que no se cuenta  con programas para la enseñanza del español como segunda lengua para todos los niveles, ni textos de lectura fácil, por lo que nos corresponde a los docentes buscar programas extranjeros o elaborar el propio y crear los propios textos de lectura para que sean accesibles al nivel de lectura de los estudiantes”. Los maestros de escuelas para sordos tampoco tienen programas que faciliten la enseñanza de los alumnos, esto también supone un retraso en el proceso de aprendizaje.

Ocampo prepara semanalmente guías en las que incluye lecturas, dictados, preguntas y diferentes actividades. “Elaboro textos por niveles y envío videos a los alumnos en los que aparezco leyendo, declamando, cantando en LESSA  o dramatizando, según el contenido que estemos viendo”, dijo. Los alumnos de Lidia Ocampo, además, cuentan con libretas de lectura fácil, estas les permiten leer otros textos que no son parte del contenido semanal. Por otro lado, Lidia elabora material lúdico didáctico para reforzar las formas gramaticales, vocabulario, escritura libre y la forma interrogativa.

La pandemia por COVID-19 también significó grandes retos para los maestros de personas sordas. Aunque Ocampo mencionó que “el factor tiempo es una de las limitantes más grandes ahora y antes de la pandemia, actualmente el número de niños que llegan a la escuela es muy reducido y no todos los ausentes participan en las clases virtuales”. Además, agregó que el año pasado (2020), “no había mayor alternativa, la medida más factible fue enviar videos pregrabados y la comunicación por Whatsapp por ser más económica para muchos padres. Pero aun así muchos niños desaparecieron del ámbito educativo”.

Aunque se han establecido avances en el proceso de aprendizaje para personas con discapacidad auditiva, Ocampo afirmó que “aún el camino es muy largo, a mi parecer se está haciendo una inclusión pedagógica atropellada en el país, los niños y los adolescentes  sordos no estaban listos para una educación regular por su deficiente dominio del español escrito, o al menos no de la manera que se hizo. Creo que el estado debe tomar más conciencia de la problemática de la población sorda, de sus características específicas”. 

Mario Urbina, un joven sordo de 17 años, estudiante activo de segundo año de bachillerato del Complejo Educativo para Sordos Licenciada Griselda Zeledón, comenta que para él la educación también implicó dificultades, sin embargo, tuvo suerte al encontrarse con una maestra sorda con la cual tuvo muy buena conexión y de quien aprendió mucho. Aseguró que los maestros deben integrarse y tener un mejor desarrollo de ambas lenguas, el español y la lengua de señas para poder enseñar efectivamente, ya que hay algunos maestros oyentes que tienen años trabajando como docentes de sordos, pero que nunca han aprendido LESSA, por lo que la educación no es efectiva.

EL DESAFÍO DE SER UNA PERSONA SORDA

Mario también reconoce el apoyo de su tía y de su hermana que lo llevaron desde pequeño a la Asociación Salvadoreña de Sordos (ASS), donde convivió con personas sordas adultas, de quienes recibe muchos consejos. Mario anhela cumplir sus 18 años para poder legalmente ser miembro de la Asociación, para luchar conjuntamente por los derechos de las personas sordas. “Yo quiero estudiar y graduarme como abogado, quisiera trabajar en un juzgado, donde se que llegan muchos sordos con un montón de problemas, y también poder proteger los abusos de la ley, proteger la cultura sorda, y demostrar que se puede”, dijo.

Al igual que Urbina, Samuel Rivera es un joven de 19 años que actualmente trabaja en una empresa realizando oficios varios, y expresó que se siente muy agradecido de tener un empleo, porque para las personas sordas las oportunidades son limitadas en el campo laboral. “A las personas sordas les cuesta encontrar trabajo, y a algunos que les dan oportunidad, dan mal ejemplo, se portan mal y por eso pierden oportunidades, pero los sordos no tienen la culpa, lo que pasa es que antes no les enseñaron los papás, porque no les pusieron atención a sus hijos, no podían LESSA, no tenían tiempo, todo eso influye en la falta de comunicación y desobediencia”.

La falta de educación, orientación, inclusión de las personas sordas en El Salvador, no solamente se define en el desarrollo escolar, sino también, en la falta de insumos que el Estado brinda a los padres, sobre todo los menos privilegiados, para educar a sus hijos; puesto que lo que comienza en casa termina afectando el rumbo de sus vidas.

Así como Rebeca Soundy anhela ayudar a muchos niños y adolescentes sordos a leer y a escribir bien, como Mario Urbina, desea ser abogado para comprender las leyes y así proteger los derechos de la comunidad sorda, y como Samuel Rivera que sueña con ser chef profesional y docente certificado de LESSA, existe una gran cantidad de sordos con grandes sueños y habilidades, que solo será posible alcanzar a través del desarrollo de políticas públicas e involucramiento de todos y todas para que la discapacidad auditiva no sea una limitación en el país.